Nada ni nadie está ya en el lugar donde debería estar normalmente; los hombres no reconocen ya ninguna autoridad efectiva en el orden espiritual, ni ningún poder legítimo en el orden temporal; los «profanos» se permiten discutir de las cosas sagradas, contestar su carácter y hasta su existencia misma; es lo inferior lo que juzga a lo superior, la ignorancia la que impone límites a la sabiduría, el error el que toma la delantera a la verdad, lo humano lo que substituye a lo divino, la tierra la que prevalece sobre el cielo, el individuo el que se hace la medida de todas las cosas y pretende dictar al universo leyes sacadas íntegramente de su propia razón relativa y falible. «Ay de vosotros, guías ciegos», se dice en el Evangelio; hoy día, no se ve en efecto por todas partes más que ciegos que conducen a otros ciegos, y que, si no son detenidos a tiempo, les llevarán fatalmente al abismo donde perecerán con ellos. (René Guénon "La Crisis del Mundo Moderno")
Debemos aprestarnos para un acontecimiento inmenso en el orden divino, hacia el cual marchamos con una tan acelerada velocidad que sorprenderá a todos los observadores. Temibles oráculos ya anuncian que los tiempos han llegado. (Joseph de Maistre "Las Veladas de San Petersburgo")
En verdad, en esos días habrá grandes tribulaciones. En esos días será mejor permanecer acostado que sentado, mejor permanecer sentado que andar, mejor andar que correr. En esos días, quien posea ganado que solo se ocupe de él; quien posea una tierra, que solo se ocupe de ella, y quien no posea nada, si tiene una espada, que la deje sin filo golpeándola contra una piedra, y después, si puede, que busque refugio. (Abu Bakr, primer Califa del Islam) El peligro se ha hecho tan grande para cada individuo, cada clase, cada pueblo, que es deplorable el pretender engañarse. El tiempo no puede detenerse; no hay prudentes retornos, no hay cautelosas renuncias. Sólo los soñadores creen en posibles salidas. El optimismo es cobardía. Hemos nacido en este tiempo y debemos recorrer violentamente el camino hasta el final. No hay otro. Es nuestro deber permanecer sin esperanza, sin salvación en el puesto ya perdido. (...) Ese honroso final es lo único que no se puede quitar al hombre. (Oswald Spengler "El Hombre y la Técnica")